Reediciones brillantes

Viaje nivel supremo el de estos días. Con escala detenida y conveniente de por medio. El destino diría que me sorprendió aun más que la primera vez, la del descubrimiento. Un puerto seguro muy necesario por una doble zozobra. Más notas de cuaderno y de magia que nunca. Con variaciones de alojamiento aportando otra perspectiva de la ciudad y bajo un fuerte calor se me ofrecieron captaciones y contrastes únicos. Memoria convocante
y comparativa, pero sobre todo un hilo del pasado reanudado con el presente. Era como metaliteratura y también como cine por el montaje de mi propia película dirigida en mi cabeza por a saber qué designios. Y también como volver atrás en el tiempo a cada paso que daba – y llegué a contar más de 34.000 un día con el teléfono– para maravillarme con mil detalles en la visita rendida con devoción. Destellos apuntados en muros y murales, en las pintadas, en los dibujos, en letreros y nombres: en todas partes desde que las estrellas se alineasen un buen día para conjurar malas noches del siglo pasado. Las vivencias intensas y las reapariciones fulgurantes de los vínculos es lo que tienen, que marcan el camino ya para siempre. Y con tanto andado cada día de la estancia se propician pequeños milagros que creía por encima de mis posibilidades.
El momento del descubrimiento del destino viajado era insuperable hasta hoy. Aquella vez posibilitó las demás, todas buenas, aunque ninguna como esta de ahora, también a fecha de hoy.
… Y entre zozobras volví siendo otro, nuevo, mejor, algo sabio aunque no lo parezca.

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